Pequeños Angel Food

 

PhotobucketMe estreno con una receta que nunca había hecho. A lo mejor debería haber elegido una que hubiera probado antes, pero tenía planeado hacer ésta. Son unos Angel Food cakes en tamaño mini. Están hechos en moldes de magdalena, pero como no son ni magdalenas ni muffins ni cupcakes los he bautizado como “pequeños angel food”

La primera vez que leía algo acerca del Angel Food fue hace unos meses en El rincón de Bea. Bea lo explica todo tan, pero tan asombrosamente bien… que a veces parece imposible recrearlo. En su momento no me imaginé que fuera a hacer algo que se llamara “angel food”, sobre todo por la necesidad del molde especial, por el cremor tártaro para las claras, por los extractos… Hasta que hace unas semanas encontré la versión cupcake enDenikatessen. Una de las cosas que más me gusta hacer en la cocina es montar claras (¡¡me parece fascinante!!) así que tarde o temprano tenía que llegar este momento.

Doy por hecho que no es lo mismo que se consigue con un molde de verdad, ni con los ingredientes correctos, pero apostaría a que se parece bastante. No he utilizado cremor tártaro, ni extracto de vainilla, ni, como puede deducirse, molde especial. Los he hecho en moldes de magdalena ¡de silicona! ¡que nadie me denuncie! Se supone que esta masa se debe pegar a las paredes del molde, por eso debe ser adherente o usar papel, pero soy una rebelde. El cremor tártaro lo sustituí por zumo de limón y está aromatizado con ralladura de limón. Además, utilicé azúcar normal, ni siquiera lo molí.

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PEQUEÑOS ANGEL FOOD

1/3 cup (42 gr.) de harina de repostería
1/2 cup (100 gr.) de azúcar
4 claras de huevo mediano
una pizca de sal
1/2 cucharadita de zumo de limón
1/2 cucharadita de ralladura de limón

Separar las claras de huevo de la yema y reservar. Las claras se montan mejor cuanto más tiempo hayan estado separadas de la yema y deben estar a temperatura ambiente. He usado claras pasteurizadas en otras circunstancias y se montan mucho mejor que las claras recién separadas. En esta ocasión las dejé reposar durante una hora.

Tamizar la harina con la mitad del azúcar y reservar. Precalentar el horno a 170ºC

Montar las claras en un bol grande. Primero a velocidad baja y a medida que vaya tomando consistencia aumentar la velocidad. Cuando las claras están espumosas (todavía líquidas pero con burbujas) incorporar la sal y el zumo de limón. Seguir batiendo hasta obtener una masa consistente.

Incorporar la ralladura de limón y la mitad del azúcar (el que no hemos tamizado con la harina) poco a poco a la masa. Tengo que reconocer que yo lo incorporé de golpe, todo junto, porque se me olvidó. No pasó nada terrible, pero para otra vez lo haré poco a poco. Seguí batiendo las claras, que con el azúcar estarán cada vez más firmes. Deben llegar a formar picos firmes. Yo encuentro que están en su punto cuando “pesan”, cuando el batidor pasa fácilmente por la masa pero se nota la presión alrededor.

Incorporar la harina tamizada con el azúcar a las claras con ayuda de una espátula (lengua) y haciendo movimientos envolventes para que las claras sigan bien montadas. No hace falta que todo quede bien integrado. De hecho es contraproducente batir mucho en montones de recetas, incluida ésta.

Con esta cantidad se pueden rellenar nueve cápsulas de magdalena dispuestas en una bandeja de horno. Es una receta que no lleva levadura, así que no tiene que asustar rellenar las cápsulas hasta arriba, puesto que no subirá mucho. Es una masa muy esponjosa y por esto es difícil que quede uniforme en el molde, sino que quedará con huecos y copetes. El único inconveniente de esto es que no se calibra bien la cantidad que se pone en cada cápsula, pero el calor del horno reubicará la masa.

Hornear a media altura durante 15-18 minutos. Si el horno calienta más por detrás o por delante, girar a la bandeja a los 7-8 minutos. Sacar los moldes del horno y dejar enfriar sobre una rejilla. Yo, que usé moldes de silicona, saqué los moldes y los dejé enfriar sobre la rejilla durante media hora. Después saqué algunos de los moldes, pero me pareció que en esta ocasión sería mejor dejarlos dentro. Así es como quedan al sacarlos de los moldes.

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El sabor es bastante especial. Apenas llevan harina y la esponjosidad viene de las claras montadas. Están dulces y ricos, pero me parecieron un poco pegajosos. Sospecho que el azúcar ha tenido algo que ver en esto. Como más me han gustado ha sido mojados en la leche del desayuno. La verdad es que se secan un poco en contacto con el aire, así que hay que comerlos en un tiempo prudencial. No creo que vuelva a hacerlos muy pronto. A lo mejor si hubiera puesto un poco más de ralladura de limón y hubiera usado el azúcar correcto todo habría salido mejor. Por supuesto, supongo que si se hace en el molde ya debe quedar estupendo.

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Autobienvenida

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Llevo unos cuantos días pensando sobre los blogs, la cocina, los postres… lo que me gusta todo. Mi primera idea de lo que es un blog era algo parecido a un diario. Cuando tenía dieciséis o diecisiete años abrí un blog. Me dediqué a contar cosas que no decía, todo con pseudónimos. Sin embargo aquella tensión no me gustaba. Cuando blogger y google se unieron, lo cerré. Poco después abrí otro, con la intención de convertirlo en una serie de artículos de cosas que me interesaban. Sin embargo (otro sin embargo) esa intención llegó cuando empezaba a ocuparme con ingentes trabajos para la universidad y lo último que quería hacer era seguir escribiendo.

En fin, que después de tanto tiempo, pienso que puedo ponerle un tema principal al blog:  Repostería. Seguro que me van a pasar cosas terribles, como cuenta SandeeA aquí, pero me voy a arriesgar. Un poco de organización, un poco de replanteamiento… y a ver qué sale.