Galletas de avena y…

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¡Estas galletas estás buenísimas! ¡Además son muy fáciles de hacer!
Con esto creo que ya lo tengo todo dicho, pero tampoco es plan dejar esto tan soso.

Hice estas galletas la semana pasada y no veo el momento de repetirlas. En tres días las hice dos veces, porque la primera hornada voló. Es verdad que con las cantidades de la receta sólo me salieron doce galletas, así que la segunda vez doblé las cantidades y me salieron veintiséis. La receta la saqué de la revista Lecturas, que últimamente pone hasta cuatro recetas de postre. Algunas salen bien y otras no, pero esta es espectacular.
La receta funciona como una receta básica a la que luego se le puede añadir el ingrediente que marque la diferencia. En mi caso, a la primera hornada le puse pasas y a la segunda piñones. Pero se pueden añadir nueces, pepitas de chocolate, arándanos secos… Lo que más apetezca. Estoy pensando en hacerlas con lacasitos de colores para llevarle a mi primita Zoe, que seguro que le van a gustar mucho.

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GALLETAS DE AVENA (aprox. 26 unidades)

100 gr. de mantequilla
90 gr. de azúcar moreno
40 gr. de azúcar blanco
2 huevos S
80 gr. de avena
1/2 cucharadita de sal baja en sodio
220 gr. harina de trigo
1 cucharadita de levadura
50/100 gr. de pasas, pepitas de chocolate, piñones, nueces…

La mantequilla debe estar a temperatura ambiente, de este modo será mucho más fácil integrarla con el resto de ingredientes.
En un bol grande, poner la mantequilla y mezclarla con los azúcares hasta obtener una textura cremosa. Añadir los huevos uno a uno y batir para que se integren bien cada vez. Incorporar la avena, la harina tamizada con la levadura y la sal. Amasar con las manos, pues se formará una masa consistente y algo pegajosa. Cuando esté todo integrado, añadir el ingrediente al gusto y en una cantidad que guarde proporción* con la masa y seguir amasando.

*Por ejemplo, según mi experiencia, con esta cantidad de masa habrían hecho falta 80 gramos de pasas frente a sólo 60 gramos de piñones. Todo dependerá del volumen que aporte el ingrediente en cuestión y el gusto de cada uno.

Meter el bol con la masa en la nevera mientras se prepara una bandeja de horno con papel de hornear. Precalentar el horno a 200ºC. Sacar el bol de la nevera y formar con las manos las galletas, aproximadamente de cinco o seis centímetros de diámetro. Aplastarlas un poco y colocarlas en la bandeja de horno con algo de separación pues crecerán un poco durante el horneado. El resto de la masa volver a meterla en la nevera.

Introducir la bandeja en el horno a media altura y hornear durante 10-12 minutos o hasta que se formen pequeñas grietas en la superficie. Al salir del horno las galletas seguirán un poco tiernas, así que es mejor dejarlas reposar en la bandeja durante cinco minutos para que se templen ligeramente y luego transferirlas a una rejilla para que se acaben de enfriar.

Repetir el proceso de formar las galletas y hornearlas con el resto de la masa hasta que se acabe. Entre hornada y hornada, pasar bajo el agua del grifo la bandeja de horno y secarla bien. De este modo se enfría y no derrite la mantequilla de las galletas antes de entrar en el horno.

Son unas galletas muy tiernas, compactas pero ligeramente blanditas, casi como pastas que no se desmigan (¡no me gusta nada las cosas que se desmigan!) Saben realmente bien, así que auguro una receta clásica que haré muchas veces…

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Tarta con garabatos

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Hacer una tarta es un proyecto a gran escala. Sin ninguna duda. Para hacer una tarta hay que planificarse bien: bizcocho, relleno y cobertura. Hay que hacer cada cosa por su parte y luego montarla.

En este caso he estado dos días haciendo una tarta y hasta ha colaborado parte de la familia. La hice para el cumpleaños de mi yayo, que ya tiene ¡tres cuartos de siglo! ¡que se dice pronto! ¡y está en plena forma! (No sé si le importará que presuma de yayo jovenzuelo, ahora que lo pienso, jeje)

Primero, hice un bizcocho por la mañana y otro por la tarde. Es un bizcocho de vainilla que no lleva extracto de vainilla ni nada de vainilla, así que no es un “bizcocho de vainilla”. Para darle un gusto a algo le puse una cucharadita de miel, aunque no sé si fue lo mejor que habría podido hacer. Saqué la receta haciendo una mezcla de ésta, ésta y ésta de Objetivo: Cupcake Perfecto. Hice dos bizcochos porque utilicé un molde redondo de 32 centímetros y quedaban finitos. La verdad es que me despisté un poco, porque a uno se me olvidó ponerle la leche y al otro la miel, así que uno quedó más tostado que el otro, aunque fueran “iguales”.

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Más tarde, por la noche, cuando los bizcochos estaban fríos, corté cada uno por la mitad. De este modo conseguí cuatro bizcochos finos a los que mi padre y yo pusimos almíbar, hecho por mi yaya, para que no quedaran secos. Además, los rellenamos con mermelada de moras casera, que también había hecho mi yaya con moras silvestres recogidas por mi yayo. Un lujo en toda regla.

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La tarta montada reposó toda la noche. Al día siquiente por la mañana hice un ganache para cubrirla. Temí quedarme un poco corta con las cantidades, pero no quería que me sobrara nada. Al final conseguí cubrirla por completo con una fina capa. ¡Delicioso! De la tarta solo con el ganache no me salió ninguna foto decente… Y digo “solo con el ganache” porque luego se me ocurrió decorarla un poco con la nata que no había usado en el ganache. La monté con una cucharada de azúcar avainillado y decidí hacer una decoración tipo cornelli lace que me parece más descriptiva denominarla garabatos. Por cierto, no tenía manga pastelera, así que usé una bolsita de plástico como las que dan en las farmacias a la que corté una esquina.

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Y al final nos la comimos de postre. Personalmente creo que sobró el paso de mojar el bizcocho en almíbar, quedó demasiado mazacote, pero como me insistieron tanto… De todas formas estaba muy muy rica.

BIZCOCHO

150 gr. de mantequilla
200 gr. de azúcar
200 gr. de harina
2 cucharaditas de levadura química
4 huevos
50 ml. de leche (aprox.)
1 cucharadita de mile (opcional, mejor extracto de vainilla o al gusto)

Dejar la mantequilla a temperatura ambiente y mezclarla con el azúcar. Incorporar los huevos uno a uno e integrarlos bien. Añadir la miel. Con una espátula y movimientos envolventes incorporar la harina tamizada con la levadura.
Precalentar el horno a 180ºC. Verter la masa en un molde desmoldable engrasado y hornear durante 30-35 minutos o hasta que al pinchar con un palito, éste salga limpio.
Dejar enfriar 5 minutos en el molde. Luego desmoldar y transferirlo boca abajo a una rejilla para que se termine de enfriar.

GANACHE

100 ml. de nata
100 gr. de chocolate fondant

Calentar la nata al fuego. Retirarla de fuego y añadir el chocolate en trozos batiendo para que el calor de la nata derrita el chocolate por completo. Cuando espese, verter sobre la tarta y esparcir el ganache con una espátula.

NATA MONTADA

100 ml. de nata
1 cucharada de azúcar avainillado

La nata debe estar muy fría, así como el bol que vayamos a usar, para que se monte más fácilmente.
Verter la nata sobre el bol y batir con ayuda de unas varillas eléctricas. Cuando la nata empiece a estar consistente, añadir una cucharada de azúcar avainillado y seguir batiendo hasta que al arrastrar las varillas se note un poco de presión.

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Lemon curd

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La semana pasada estuve sin internet, el finde estuve fuera y luego me he liado con Pottermore, como buena fan de la saga Harry Potter. Después de esta pausa, tengo muchas cosas que contar, pero voy a empezar por el final.

Ayer por la tarde hice lemon curd, o crema de limón. Tuve que comprar limones para hacer aquellos pequeños angel food y tenía unos cuantos que desde entonces me miraban con pena. Me apetecía probar este dulce, pero pensaba que sería más complicado de lo que realmente es. Comprobé que tenía los ingredientes en casa y me puse al tema.

El lemon curd es crema de limón. Está dentro de la categoría, por decirlo de algún modo, de las cremas pasteleras. Las cremas de fruta se pueden hacer de muchas maneras, pero la de limón es muy típica en la cocina anglosajona y el término lemon curd es un clásico. Tiene un sabor intenso a limón, con la acidez que ello conlleva, pero a la vez está muy dulce. A mí me gusta mucho ese contraste y el lemon curd es uno de sus mejores ejemplos. Después de haber probado este dulce creo que en otra ocasión ya lo había hecho para una tarta, aunque no supiera en aquel momento que era precisamente esto. He usado la receta de Denikatessen, aunque la he modificado.

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LEMON CURD (aprox. 1 cup)

3 huevos L
1/2 cup de zumo de limón (yo lo conseguí con 3 limones)
1/2 cup de azúcar
50 gr. de mantequilla

Poner un cazo con agua al fuego para que hierva. En otro cazo o bol más pequeño cascar los huevos y batirlos. Verter el zumo de limón colado y mezclar. Incorporar el azúcar sin dejar de batir. Poner la mezcla al baño maría sobre el cazo grande. Echar la mantequilla en pedazos y seguir dando vueltas hasta que se derrita. Seguir dando vueltas hasta que espese; hay que evitar que el agua llegue a romper a hervir a borbotones (aunque no pasaría nada si sucediera, simplemente habría que bajar el fuego para que no se caliente demasiado). Aproximadamente en 10 ó 15 minutos el curd dejará de espesar y habrá que retirarlo del baño maría.
Para almacenar el curd es preferible transferirlo enseguida al recipiente en cuestión y dejarlo enfriar con la tapa puesta, porque al contacto con el aire puede formar una ligera costra en la superficie. Lo ideal será un recipiente de cristal, sobre todo si se va a hacer una conserva, pero el plástico también funciona bien. Cuando el curd esté frío habría que conservarlo en la nevera.

Hay que tener en cuenta que cuando se enfríe quedará aún más denso, así que muy posiblemente a los 10 minutos de baño maría estará listo; yo pensé que no me estaba quedando bien y eché un poco de maizena, aunque para lo único que sirvió es para que quedaran pequeñas motitas blancas cuando se enfrió. Moraleja: no intentar espesar con maizena, por favor.
Las medidas de azúcar y de limón son bastante variables, según se desee más sabor dulce o ácido. También se puede añadir ralladura de limón, para lo que se aconseja colarlo nada más quitarlo del fuego para que quede una textura más suave. Personalmente me gusta el equilibrio de sabores y percibir el contraste ácido/dulce, así que esta receta me ha encantado.

Hay que conservarlo en la nevera y al llevar huevo consumirlo en poco más de una semana.

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English muffin de mortadela

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Me encanta merendar, me parece la mejor comida del día. Hay una gran variedad de alimentos que se pueden comer a media tarde y en una cantidad adecuada para pasar el rato de la comida a la cena. Además creo que el concepto de merienda debería llegar al resto de comidas del día, sobre todo en lo que se refiere a la cantidad.

Es mucho mejor comer poco cinco veces al día que mucho tres veces. Esto se ha dicho en un montón de sitios, aunque creo que ni siquiera se come “mucho tres veces al día”, sino solamente dos. El desayuno es esa otra gran comida del día que me encanta y que normalmente se pasa relativamente por alto, pero eso lo dejo para otro día. La merienda es un paso alimenticio necesario para pasar la tarde y que el metabolismo no se despendole, se vuelva loco y empiece a ahorrar. Que tenemos un cuerpo digno de la mejor reina del drama.

Me siento un poco mal hablando de ésto cuando el azúcar, esa gran aberración dulce, será parte principal de un montón de recetas futuras. Pero hay que aprender a comer y a saber lo que se come. Ya con eso creo que se pueden tomar mejores decisiones en tanto a lo que cada uno come. Algunas cosas hasta saben mejor.

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Volviendo a la merienda, voy a poner de vez en cuando alguna receta de las cosas que meriendo. La mayor parte del tiempo me hago sandwiches o cereales, pero a veces hasta yo me sorprendo. En esta ocasión abrí un english muffin y lo rellené con una loncha de mortadela siciliana, un poco de queso y cebolla picada muy fina.

ENGLISH MUFFIN DE MORTADELA, QUESO Y CEBOLLA

Un english muffin
Una loncha de mortadela
1/4 loncha de queso
Cebolla

Cortar la cebolla en lonchas muy finas. Abrir el english muffin, rellenarlo con la mortadela, la cebolla y el queso. ¿Esto cuenta como receta?

Pues aunque no sea una receta y sea lo más simple del mundo, es delicioso. A veces la vida no es tan complicada. Sobre cómo hacer los english muffins hablamos otro día.

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