Batido de plátano

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El batido de plátano es el más fácil del mundo, diría yo. No tiene ningún misterio y queda estupendamente. Este es el que me hice yo para cenar hace poco, totalmente personalizado. Lo hice por la noche, por eso las fotos son diferentes, con luz artificial.

Por cierto, el pañuelo amarillo que veis en las fotos es un tesoro de seda que pertenecía a la abuela de mi bisabuela y que todavía no he tenido el valor de ponérmelo. Por eso lo saco a pasear por aquí, que de algún modo tengo que lucirlo.

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BATIDO DE PLÁTANO (2 vasos)

1 plátano
1 vaso de leche
1 cucharada de queso crema
3 cucharaditas de azúcar avainillado

En un vaso de batidora poner el plátano pelado. Triturar con la batidora.

Añadir el vaso de leche, fría, y volver a batir. Incorporar el queso y darle otra vez a la batidora durante un par de minutos. Por último, poner el azúcar avainillado y batir un poco más.

Servir en los vasos y poner un poco de cacao en polvo por encima si se desea (yo le puse cola cao)

Queda sorprendentemente suave y esponjoso, casi como una mousse. Repetiré, sin duda.

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Muffins de chocolate

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Necesito una bandeja para hacer magdalenas. Una de esas con huequecitos. Esto, vamos.

¿Que cómo no lo tengo? Pues eso digo yo. No puedo pretender tener un blog de repostería sin tener un montón de cacharritos. Al menos, no sin los más básicos. ¿Es todo esto necesario? Realmente no, pero es un blog, y la única manera que tengo que decir que las cosas están muy ricas (a parte de decirlo, claro, pero sólo es mi palabra) es que parezcan muy ricas.

¿Todo esto porqué lo digo? Porque yo quería hacer unos muffins gordotes y altotes, esponjosos y que parecieran ricos ricos. Estos parecen ricos, o a mí me lo parecen, que los he probado, pero no es lo mismo. No es lo mismo un muffin alto y grande que uno chafado como estos. La clave está en el molde, que no deja que el papel se esparrame. Y eso que se los puse dobles.

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Otra cosa. ¿Cuantas variaciones debe haber en una receta para considerar que no es la receta original? Tengo mis dudas. Esta la saqué tras una búsqueda simple en Google porque me apetecía algo de chocolate. ¿Qué mejor que una magdalena gorda? Esta fue la receta elegida, de Mis deseos más dulces.

Ahora bien, no tenía ni harina normal, ni aceite vegetal, ni yogur griego en la nevera. Antes de irme al super en un momento, pensé. ¿Para qué quiero harina normal si tengo harina bizcochona? No hay aceite de girasol, ni vegetal, de oliva no le voy a poner… ¡Pues mantequilla! Qué lista soy. Ay, el yogur griego… tengo yogures normales, pero son de sabores ¿le puedo poner uno de frutas del bosque para que tenga un puntillo? Hmmm… ¡BUTTERMILK! ¡le puedo poner buttermilk!

Así soy yo cuando me dejan sola en la cocina. Otro día os cuento que tampoco tengo báscula para pesar los ingredientes y cómo me las ingenio. Que mola mucho. Otro día, que ahora toca contaros el resultado de estos muffins.

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MUFFINS DE CHOCOLATE (6 unidades)

120 gramos de harina bizcochona
25 gramos de cacao en polvo
75 gramos de azúcar
1/2 cucharadita de bicarbonato
125 mililitros de buttermilk*
1 huevo M
40 gramos de mantequilla derretida
pepitas de chocolate

*Preparar el buttermilk. Llenar un vaso normal hasta la mitad (son 125 mililitros) de leche y añadir media cucharadita de vinagre. Dejar reposar 10 o 15 minutos sin remover.

Precalentar el horno a 170ºC

Tamizar en un bol la harina, el cacao, el azúcar y el bicarbonato y mezclar bien. Añadir el huevo, el buttermilk y la mantequilla previamente derretita. Batirlo todo. Añadir pepitas de chocolate al gusto.

Preparar los moldes en una bandeja. Rellenarlos hasta 3/4 de su capacidad. Introducir en el horno y cocinar durante 20 minutos o hasta que al pinchar con un palillo, éste salga limpio.

Más fácil no puede ser. Y rico es poco para lo buenos que están…

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Alfajores argentinos

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Mis padres vivieron unos años en Argentina, antes de que yo naciera. Mi madre todavía recuerda montones de buenos momentos allí y muchas anécdotas recurrentes. Una de las cosas que más sigue añorando son los famosos alfajores, que pasó años y años sin poder probarlos de nuevo. Hace relativamente poco los pudo recuperar, pero sigue diciendo que no son como los de allí. Creo yo que también influye el hecho de que han pasado más de dos décadas y que el contexto es completamente diferente, pero ella sigue diciendo lo mismo.

Esta receta de alfajores es de la colección Delicias al horno, que en cuando mi madre vio me estuvo dando la tabarra para que la hiciera. Si fue pesada que en dos días (normalmente tardo como una semana en ponerme al lío con las “peticiones”) ya tenía quince alfajores para que comiera a gusto. Siguen sin parecerle iguales a los alfajores de verdad (esto también lo creo yo), pero nos han gustado mucho igualmente.

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ALFAJORES ARGENTINOS (15 unidades)

Galletas

62 gramos de mantequilla
62 gramos de azúcar
2 yemas de huevo
1/2 cucharadita de aroma de vainilla
1 cucharada de leche
137 gramos de harina
75 gramos de harina de maíz (maizena)
1/2 cucharadita de bicarbonato
1/4 cucharadita de levadura química
una pizca de sal

Relleno

100 gramos de dulce de leche
25 gramos de chocolate negro
coco rallado

Tamizar la harina, la maicena, el bicarbonato, la levadura y la sal para que quede bien integrado todo.

Batir la mantequilla con el azúcar hasta obtener una textura cremosa. Incorporar las yemas, la vainilla y la leche y volver a batir. Añadir la harina tamizada en dos o tres veces. Las últimas veces hará falta un ligero amasado para obtener una masa suave y compacta. Esta masa debe reposar en la nevera un mínimo de dos horas, o incluso toda una noche.

Tras el reposo, la masa estará fría, pero en cuando la toquemos un poco se volverá maleable, demasiado maleable. Para evitar que pase esto, dividir la masa en dos, tres o cuatro partes (depende de lo rápido que trabajemos) y mientras se utiliza una, dejar el resto en la nevera. Precalentar el horno a 170ºC.

Con ayuda de un rodillo estirar la masa hasta que tenga medio centímetro de grosor, más o menos. Con ayuda de un cortagalletas redondo de 5 ó 6 centímetros de diámetro (la receta pide de 5, yo usé el más pequeño que tengo, que es de 6 y salió la cantidad que correspondía) Poner las galletas sobre una bandeja de horno preparada con papel de hornear. Repetir la operación las veces que sea necesario.

Hornear durante 8-12 minutos hasta que se doren ligeramente. Dejar enfríar sobre una rejilla. Hay que tener cuidado, pues son unas pastas muy quebradizas. Si se caen de la rejilla, lo más probable es que se rompan.

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Mientras las pastas se enfrían, preparar el relleno. Derretir el chocolate negro en el microondas, con papel film y en intervalos de 30-10 segundos. Dejar que se enfríe ligeramente y añadir el dulce de leche.

Cuando todo esté templado, untar un poco del dulce de leche en las galletas. Personalmente me gusta untar un poco en todas las galletas y luego montar el bocadillo, pero también se puede untar más en sólo la mitad de las galletas y luego poner las otras galletas encima. Cuestión de técnica.

Para acabar, hacer rodar el canto de los alfajores por un plato con un poco de coco rallado y espolvorear por encima con azúcar glas

¡Listos!

Aguantan varios días al aire. Estos en concreto estuvieron en un plato por la cocina de mi pueblo durante tres o cuatro días, sin mayor protección.

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Sobaos

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¡Sí! ¡Sobaos! ¡Con lo fáciles que son!

Los sobaos me encantan, podría comerme una cantidad indecente de ellos de cada vez… bueno, en realidad esto ¡ya ha pasado! Por eso en mi casa no hay sobaos regularmente, porque no tengo medida.

Hace unas semanas pasé un tiempo en mi pueblo y de repente se me ocurrió que podía hacer sobaos yo misma. Nunca me lo había planteado y después de hacer unas cuantas búsquedas en el ordenador de mi tía, descubrí que la receta de los sobaos es realmente fácil. Me extraña que no se hagan sobaos más amenudo. ¡Hasta la receta está en Wikipedia! Al ser algo tan típico, seguro que hay montones de trucos y recetas de familia que saldrán mejores que ésta, pero aquí está mi granito de arena. Por cierto, creo que la calidad de la mantequilla es determinante para conseguir que sepan realmente buenos.

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SOBAOS (20 unidades)

250 gramos de mantequilla
250 gramos de azúcar
3 huevos M
1 cucharadita de extracto de vainilla (o ralladura de limón)
250 gramos de harina
1 cucharadita de levadura

Precalentar el horno a 180ºC. Tamizar la harina con la levadura y reservar.

Batir la mantequilla junto con el azúcar. Añadir los huevos uno a uno; incorporar el extracto de vainilla (o ralladura de limón). Incorporar la harina poco a poco.

La masa resultante será bastante densa y compacta. Los moldes de sobaos deben rellenarse hasta la mitad de su capacidad, pero como la masa es tan compacta quizás no se calcule bien el volumen. En mi caso con una cucharada y media de masa por molde quedaron perfectos.

Introducir en el horno a media altura y hornear durante 20 minutos. Si se desea un tono más dorado, dejar unos minutos más en el horno apagado sin abrir la puerta.

Mmmmm… ¡riquísimos!

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Galletas con pepitas de chocolate (Chocolate chip cookies)

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Emocionadísima que ando con esta receta. No podía haber hecho otra mejor para inaugurar el 2012. La encontré en el mismo tumblr del que hablé aquí, pero ha desaparecido, o por lo menos yo no puedo encontrarlo.

Las hice una vez (hasta hice fotos) pero no me decidí a colgarla en el blog. Volví a prepararlas y… ¡menudo éxito! Tengo que decir que la primera vez hice la mitad de las cantidades, en el horno de casa y quedaron más crujientes. La segunda vez hice las cantidades completas, la masa reposó unas dos horas y las hice en mi pueblo (donde, evidentemente, hay otro horno, al que por cierto, le tengo cogido el punto mejor que al de casa). Con todas estas salvedades las galletas triunfaron más la primera vez entre mis comensales. La segunda, lamentablemente, causó furor casi sólo conmigo.

LAMENTABLEMENTE

En mayúsculas. Me han quedado unas galletas tipo cookie con pepitas de chocolate de auténtico lujo. De verdad, como las compradas. Los problemas vienen de que mis yayos no son muy de chocolate, a mis tíos les llevé la primera hornada (que me quedó más regular), mi madre no es de galletas y mi padre no está por aquí. Claro, que yo hice las cantidades completas, con lo que nos encontramos con casi sesenta galletas para mí sola. Y están buenísimas. Y no puedo dejar de comerlas. Y todo eso se va al culo, para qué nos vamos a engañar. Preparar estas galletas es la perdición, yo aviso.

Por eso, pongo la receta para hacer sólo unas treinta galletas, porque me preocupo por vosotros y porque dudo que vuelva a hacer sesenta galletas de una sentada.

Es que así no se puede empezar el año, con tanta galleta por casa.

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GALLETAS CON PEPITAS DE CHOCOLATE (30 unidades, aprox.)

180 gramos de harina
1 cucharadita de bicarbonato
1/2 cucharadita de sal
142 gramos de mantequilla
125 gramos de azúcar moreno
65 gramos de azúcar blanco
1 huevo M
1 cucharadita de aroma de vainilla
90 gramos de pepitas de chocolate

Tamizar la harina con el bicarbonato y la sal y reservar.

Batir la mantequilla a temperatura ambiente junto con los azúcares durante unos 3 minutos para que quede una masa algo esponjosa. Añadir el huevo ligeramente batido con la vainilla y mezclar bien. Incorporar la harina poco a poco. La masa se pondrá más densa por momentos, hasta que haga falta amasar con las manos en vez de batir con batidor. Por último, añadir las pepitas e intentar repartirlas homogéneamente por la masa.

Dejar la masa reposar en la nevera durante una hora, más o menos.

Precalentar el horno a 180ºC. Preparar la bandeja de horno con papel vegetal y formar las galletas. No hace falta darles forma de galleta, con que quede un pegote es suficiente. De este modo se consiguen esas formas escarpadas de las típicas cookies.

Meterlas al horno a media altura durante 15-18 minutos. Cuando se saquen del horno deben seguir tiernas y hay que dejarlas reposar un par de minutos sobre la bandeja antes de traspasarlas a una rejilla para que se acaben de enfriar.

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Entre hornada y hornada se puede dejar el resto de la masa en la nevera para que se mantenga consistente.

Tan deliciosas que no me hago responsable del peso ganado por un atracón de estas galletas.

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Roscón de Reyes

Lo primero:

¡¡¡FELIZ AÑO NUEVO!!! ¡¡¡FELIZ 2012!!!

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Sigo en mi pueblo, desconectada un poco de todo, pero prometo volver la semana que viene con un montón de recetas que he estado haciendo estos días. Por muchas razones he acabado por tener que felicitar el año por aquí seis días tarde, aunque me viene estupendamente para seguir felicitando…

¡¡FELICES REYES!!

Espero que todos hayáis sido muy buenos y que os hayan traído ¡muchas cositas dulces!

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Ahora a lo que venimos, el roscón. En mi casa no somos muy de roscón, pero es algo que cada 5 ó 6 de enero siempre hay en casa. Mi yaya lleva muchos años intentando hacer uno casero, aunque con poco éxito. Este año encontré una receta en una revista antigua rondando por casa y me puse yo misma al tema. ¡Qué buena idea! Es un proceso laborioso, no nos vamos a engañar, pero muy satisfactorio, al menos para mí.

Ayer mismo estuve con esta receta, creo que nunca había sido tan rápida para poner una receta en el blog, pero es que el día lo merece, definitivamente. Ni siquiera he editado las fotos, a ver qué tal. Esta mañana he desayunado roscón casero y con un poco de suerte quizás alguien pueda preparar todavía este roscón tan rico para merendar.

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ROSCÓN DE REYES

Masa madre

10 gramos de levadura prensada
75 mililitros de agua templada
75 gramos de harina de fuerza

Masa normal

35 gramos de azúcar
20 gramos de manteca de cerdo
1 cucharadita de sal
1 cucharadita de ralladura de limón
65 mililitros de agua
1 huevo M
250 gramos de harina de fuerza

Decoración

1 huevo
azúcar
frutas confitadas, almendra laminada…

Para preparar la masa madre, calentar un poco el agua y diluir en ella la levadura prensada. Incoroporarla a los 75 gramos de harina y mezclar bien. Se obtiene una masa relativamente líquida. Tapar este bol con papel film y dejar reposar hasta que doble su tamaño (unos 20 minutos) en un lugar sin corrientes de aire, a temperatura ambiente más bien cálida.

Mientras leva la masa madre, preparar los ingredientes de la masa normal. Poner en un bol el azúcar, la manteca, la sal, la ralladura y el agua y batir ligeramente. Añadir el huevo y volver a batir. Por último incorporar la harina. Lleva mucha harina para la masa que hay, así que es difícil de mezclar y amasar. Por esto, para hacer este proceso es bastante necesario o mucha paciencia y mucha fuerza en las manos, o utilizar un robot de cocina que haga el amasado, o por lo menos las varillas amasadoras de alguna batidora. Por suerte tengo unas varillas amasadoras, que ya me veía yo dándole con la mano a la masa. En realidad acabé haciéndolo, ya que se consigue una masa muy compacta que se me desmigaba en el bol.

Cuando las dos masas estén listas (la masa madre levada y la masa normal mezclada) se integrarán. Yo puse la bola de la masa normal en el bol de la masa madre, porque me pareció un proceso más limpio. Hay que lograr integrar ambas masas en una masa que tendrá una consistencia algo pegajosa pero homogénea. Es un proceso trabajoso en el que vuelve a hacer falta una ayuda mecánica.

Para acabar, hay que darle forma al roscón. Diría que es la parte más divertida, sobre todo después de tanto rato con las otras masas. Llegados a este punto yo tuve que quitarme el jersey del sofoco que tenía encima. Formar el roscón en la bandeja de horno que vayamos a usar espolvoreada con harina. Tapar con un trapo ligeramente húmedo y dejar levar durante dos horas.

Personalmente no dejan de sorprenderme las masas que levan. Alucinante. Magia.

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Antes de que pasen las dos horas de levado, precalentar el horno a 230ºC. Preparar un huevo batido y las decoraciones del roscón. A mí no me gustan nada las frutas confitadas, así que rehidraté con un poco de agua con azúcar unos arándanos. También preparé azúcar glas para espolvorear el roscón, aunque ahora sé que el azúcar normal es mejor para este paso.

Pintar el roscón ya levado con el huevo y decorarlo con lo que se desee. Meterlo a media altura en el horno y hornear durante 15 minutos.

¡Ya está listo!

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Cuando el roscón se haya enfriado, cortarlo por la mitad y rellenarlo con nata montada o, de nuevo, con lo que se desee.

Roscón de reyes personalizado, al gusto y ¡¡riquísimo!!

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