Clafoutis de cerezas

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Tengo en casa dos kilos de cerezas. Y me los tengo que comer yo solita. Antes del martes. Tengo dos kilos de cerezas que me tengo que comer en cuatro días. Eso son medio kilo de cerezas al día. ¿Alguien quiere cerezas? ¡Me salen por las orejas!

En un intento de desacerme de unas cuantas, se me ocurrió hacer una clafoutis. Hice una hace mil, pero era de manzana. La clafoutis de verdad requiere que las cerezas mantengan el hueso porque “le da un aroma especial”, aunque yo creo que es la forma fina de decir que cada uno se saque sus huesos, que el que hace la tarta pasa de estar media hora sacándolos con un palillo. Pero como yo tengo cerezas para parar un tren, pues me da igual cargarme unas cuantas por el camino, si total me las tengo que comer igual. Así que tuve la santa paciencia de ir sacando cada uno de los huesos de las cerezas. Y por si acaso lo del aroma especial es verdad, los metí en el horno junto a la clafoutis con un poquito de agua. Total, el aroma da igual de por dónde venga, ¿no?

La receta es la misma que la ya había hecho, aunque con alguna pequeña variante.

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CLAFOUTIS DE CEREZAS (molde de 18 cm)

200 gramos de cerezas deshuesadas
2 huevos M
40 gramos de azúcar
125 mililitros de leche
20 mililitros de aceite de girasol
50 gramos de harina normal

Precalentar el horno a 180ºC, calor arriba y abajo.

Engrasar un molde con aceite y disponer las cerezas en él. Poner el molde encima de la rejilla para horno que vayamos a usar.

En un bol cascar los huevos. Añadir el azúcar y batir muy bien. Añadir la leche sin dejar de batir y luego el aceite. Por último, incorporar la harina sin tamizar y batir muy bien un momento.

Con cuidado de que las cerezas no se desplacen, verter la masa en el molde. No cubrir todas las cerezas, deben quedar un poco al aire.

Meter en el horno durante 20 o 25 minutos, hasta que esté ligeramente tostada.

Voilà! ¡¡Rico, rico!! Es muy sencilla de hacer, el problema es lo de las cerezas deshuesadas, pues deben estar enteras… Si no os apetece, pues nada, se cuenta la historia del aroma especial y se avisa antes de que alguien le hinque el diente 😉

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Mini cheescakes

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¿Por qué hacer una tarta de queso grande redonda pudiendo hacer un montón pequeñitas y cucas? Pues eso mismo.

En realidad es porque no me suele apetecer tener una tarta rondando días y días por casa, prefiero las raciones pequeñas. Como en casa somos pocos, nos viene mejor. Ya sé que tengo muchos voluntarios para acojer la mayoría de mis “creaciones”, pero tampoco es plan atiborrarse de cosas cada dos por tres. Así que he decidido hacer mini cheescakes, que son todo cheescakes, con su base de galleta y su cobertura de mermelada… ehm… bueno, algunos llevan y otros no. Se la iba a poner, cuando le di un mordisco al más feo de la hornada (bueno, feos son todos, que no tengo bandeja de magdalenas y se me desparraman los papelitos como quieren) sin habérsela puesto antes, así que me puse con las fotos. Luego ya se la puse a algunos.

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La receta me la he inventado totalmente, según lo que yo pienso que debe llevar un cheescake. Aclaro que  aunque he modificado las cantidades de los ingredientes de la base de galleta, puede ser que siga siendo muy abundante.

Mini Cheescake (6 unidades)

40 gramos de galletas integrales
10 gramos de mantequilla derretida
10 gramos de cacao en polvo

60 mililitros de nata
130 gramos de queso de untar
50 gramos de azúcar
1 huevo
extracto de vainilla

mermelada de fresa

Picar las galletas para convertirlas en migas. Mezclar el cacao con las galletas molidas. Añadir la mantequilla derretida y mezclar bien, hasta que esté todo mojado y migoso.

Precalentar el horno a 180ºC, calor arriba y abajo. Preparar la bandeja para magdalenas con los papelitos (yo utilicé los de IKEA, que tienen una forma horrible, y unos verdes, normales, mucho mejores) y poner la base de galleta.

En un bol, poner la nata. Batirla hasta que se formen picos blandos, es decir sin que llegue a estar montada del todo, que cuando se retire el batidor salga un piquito que se tuerza. Añadir el queso de untar y seguir batiendo hasta que desaparezcan los grumitos. Incorporar el azúcar y remover. Por último, poner el huevo y el extracto y volver a batir para que quede todo homogéneo. Saldrán unas pequeñas burbujitas.

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Repartir la mezcla de queso en todos los papelitos. Introducir la bandeja en el horno a media altura y hornear durante 30 minutos, aproximadamente. Abrir un poco la puerta del horno y dejar que se enfríen dentro durante otra media hora por lo menos. (Se supone que esto es para que no se desinflen y queden planitos, aunque algo debí de hacer mal y se me hundieron igualmente)

Cuando tomen temperatura ambiente, meterlos en la nevera y cubrirlos con un poco de mermelada, o con lo que más rabia os dé, para acabar de ser unos cheescakes deliciosos.

A mí me gusta la idea, son tamaño de ración, son como magdalenas y son pastel de queso. ¿Qué os parece?

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Coquitos

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¿Qué hago yo por aquí? ¡Anda! ¡pero si tengo un blog! XD

Bromas aparte, siento que cada vez me parezco más al Guadiana, me dan arrebatos y luego tengo peridos de sequía bloguera… ¡otra cosa en la que tengo que trabajar para mejorar! (y ya van…)

Bueno, respecto a la receta: empecemos diciendo la verdad: no me gusta el coco. Ahí queda eso, como declaración de intenciones.

No es que el coco sea un alimento que odie con toda mi alma, que no quiera saber nada de cualquier cosa que lleve coco. Más bien es que tiendo a evitarlo. Como no es un alimento básico es bastante fácil. Sólo tengo que “preocuparme” de evitar el yogur de coco y poco más.

El coco es uno de esos alimentos que o sí o no. Punto. En mi casa está el bando del coco y el que no. Como esto no es una guerra, pues si alguien pide algo de coco se le da. Muy majos que somos todos.

Estas bolitas de coco fueron para mi madre, que encontró la receta en una revista Lecturas; luego la repetí para mi yayo, para mi tía… La verdad es que yo también las probé y no están malas, quizás porque para los que de verdad les gusta el coco dijeron que un poco más de esta fruta no les habría venido mal. Yo cuento todas las versiones.

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COQUITOS (25-30 unidades)

100 gramos de coco rallado
100 gramos de almendra molida
200 gramos de leche condensada
1 cucharadita de ralladura de naranja
1 clara de huevo

Precalentar el horno a 170ºC, sólo con la resistencia de arriba.

Mezclar todos los ingredientes en un bol, excepto la clara, con ayuda de un batidor.

Montar la clara a punto de nieve, casi merengue y luego añadirla a la mezcla anterior con movimientos envolventes.

Formar bolitas con las manos y colocar en una bandeja de horno preparada con papel vegetal. Introducir en el horno durante 10-15 minutos para que se doren ligeramente. Esta masa no lleva nada que necesite estar cocinado para comerse (excepto el huevo, quizás), pero en el horno se seca ligeramente para que sea más fácil su almacenado, además de que queda más vistosa con el doradito.

Tambien pueden bañarse en chocolate negro para darles un aspecto más… chocolateado : )

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Tortitas

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¡Tortitas! ¡Viva!

Me encantan las tortitas. Me gusta que queden gordotas y esponjosas. Hace casi tres años que un auténtico americano (de Estados Unidos, vale) me enseñó esta receta y la verdad es que no he probado otra. Es genial, me encanta como quedan y las hago esporádicamente porque, además de llenar un montón, me las tomo como una fiesta. El martes pasado fue Happy Pancakes Day (de lo que se entera una en Twitter) así que ¿qué mejor fiesta para hacerlas?

Aquella fue la primera vez que tomé contacto con las medidas volumétricas anglosajonas, las cups, las tablespoons y estas cosas. Una cosa es que pesen en libras o en onzas y otras que ¡no pesen los ingredientes! Aquello me sorprendió mucho y por otra parte me abrió un mundo de posibilidades (conociendo las equivalencias no hace falta una báscula). Siempre he hecho la receta con las medidas originales, como tradición personal, pero os indico las medidas métricas al lado.

TORTITAS (8-10 unidades)

1 1/2 cups (180 gramos) de harina
2 1/2 cucharaditas de levadura química
3/4 cucharadita de sal
1 huevo
1 1/4 cups (312 mililitros) de leche
3 cucharadas (45 mililitros) de aceite vegetal

Mezclar los ingredientes secos y reservar, sin tamizar.

Mezclar los ingredientes líquidos en otro bol y añadir a los ingredientes secos. Batir con un batidor hasta que esté justo integrado. Cuando digo justo integrado digo justo integrado, no pasa nada porque queden grumitos de harina, de hecho es mejor.

Calentar una sartén a fuego medio bajo. Para que las tortitas queden bien bonitas se debe echar un poco de aceite vegetal en la sartén y cuando esté un poco caliente limpiarlo con un papel de cocina. El aceite que quede en este papel será el que se reutilizará para “limpiar” la sartén para las siguientes tortitas.

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Verter un poco de masa en la sartén. Es una masa densa y no muy fácil de calibrar, así que más o menos lo que caiga según os gusten las tortitas más o menos grandes. Hay que esperar a que se formen burbujitas en la superficie de la masa. En la foto de arriba se ve la masa nada más echarse en la sartén y en la de abajo como deberá estar al darle la vuelta.

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Cocinar por el otro lado más o menos el mismo tiempo.

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La masa sin cocinar puede reservarse hasta un día en la nevera. Normalmente me da para ocho tortitas, cuatro “recién hechas” y cuatro al día siguiente; aunque quiero dejar claro que porque a mí me gustan más bien grandes. En esta ocasión les añadí un poco de colorante violet de Squires Kitchen, aunque no quise pasarme y por ello quedó bastante sutil. Se pueden acompañar de infinidad de cosas, dulces o saladas. En esta ocasión simplemente me las tomé con un colacao y bien ricas que estaban.

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Batido de plátano

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El batido de plátano es el más fácil del mundo, diría yo. No tiene ningún misterio y queda estupendamente. Este es el que me hice yo para cenar hace poco, totalmente personalizado. Lo hice por la noche, por eso las fotos son diferentes, con luz artificial.

Por cierto, el pañuelo amarillo que veis en las fotos es un tesoro de seda que pertenecía a la abuela de mi bisabuela y que todavía no he tenido el valor de ponérmelo. Por eso lo saco a pasear por aquí, que de algún modo tengo que lucirlo.

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BATIDO DE PLÁTANO (2 vasos)

1 plátano
1 vaso de leche
1 cucharada de queso crema
3 cucharaditas de azúcar avainillado

En un vaso de batidora poner el plátano pelado. Triturar con la batidora.

Añadir el vaso de leche, fría, y volver a batir. Incorporar el queso y darle otra vez a la batidora durante un par de minutos. Por último, poner el azúcar avainillado y batir un poco más.

Servir en los vasos y poner un poco de cacao en polvo por encima si se desea (yo le puse cola cao)

Queda sorprendentemente suave y esponjoso, casi como una mousse. Repetiré, sin duda.

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Alfajores argentinos

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Mis padres vivieron unos años en Argentina, antes de que yo naciera. Mi madre todavía recuerda montones de buenos momentos allí y muchas anécdotas recurrentes. Una de las cosas que más sigue añorando son los famosos alfajores, que pasó años y años sin poder probarlos de nuevo. Hace relativamente poco los pudo recuperar, pero sigue diciendo que no son como los de allí. Creo yo que también influye el hecho de que han pasado más de dos décadas y que el contexto es completamente diferente, pero ella sigue diciendo lo mismo.

Esta receta de alfajores es de la colección Delicias al horno, que en cuando mi madre vio me estuvo dando la tabarra para que la hiciera. Si fue pesada que en dos días (normalmente tardo como una semana en ponerme al lío con las “peticiones”) ya tenía quince alfajores para que comiera a gusto. Siguen sin parecerle iguales a los alfajores de verdad (esto también lo creo yo), pero nos han gustado mucho igualmente.

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ALFAJORES ARGENTINOS (15 unidades)

Galletas

62 gramos de mantequilla
62 gramos de azúcar
2 yemas de huevo
1/2 cucharadita de aroma de vainilla
1 cucharada de leche
137 gramos de harina
75 gramos de harina de maíz (maizena)
1/2 cucharadita de bicarbonato
1/4 cucharadita de levadura química
una pizca de sal

Relleno

100 gramos de dulce de leche
25 gramos de chocolate negro
coco rallado

Tamizar la harina, la maicena, el bicarbonato, la levadura y la sal para que quede bien integrado todo.

Batir la mantequilla con el azúcar hasta obtener una textura cremosa. Incorporar las yemas, la vainilla y la leche y volver a batir. Añadir la harina tamizada en dos o tres veces. Las últimas veces hará falta un ligero amasado para obtener una masa suave y compacta. Esta masa debe reposar en la nevera un mínimo de dos horas, o incluso toda una noche.

Tras el reposo, la masa estará fría, pero en cuando la toquemos un poco se volverá maleable, demasiado maleable. Para evitar que pase esto, dividir la masa en dos, tres o cuatro partes (depende de lo rápido que trabajemos) y mientras se utiliza una, dejar el resto en la nevera. Precalentar el horno a 170ºC.

Con ayuda de un rodillo estirar la masa hasta que tenga medio centímetro de grosor, más o menos. Con ayuda de un cortagalletas redondo de 5 ó 6 centímetros de diámetro (la receta pide de 5, yo usé el más pequeño que tengo, que es de 6 y salió la cantidad que correspondía) Poner las galletas sobre una bandeja de horno preparada con papel de hornear. Repetir la operación las veces que sea necesario.

Hornear durante 8-12 minutos hasta que se doren ligeramente. Dejar enfríar sobre una rejilla. Hay que tener cuidado, pues son unas pastas muy quebradizas. Si se caen de la rejilla, lo más probable es que se rompan.

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Mientras las pastas se enfrían, preparar el relleno. Derretir el chocolate negro en el microondas, con papel film y en intervalos de 30-10 segundos. Dejar que se enfríe ligeramente y añadir el dulce de leche.

Cuando todo esté templado, untar un poco del dulce de leche en las galletas. Personalmente me gusta untar un poco en todas las galletas y luego montar el bocadillo, pero también se puede untar más en sólo la mitad de las galletas y luego poner las otras galletas encima. Cuestión de técnica.

Para acabar, hacer rodar el canto de los alfajores por un plato con un poco de coco rallado y espolvorear por encima con azúcar glas

¡Listos!

Aguantan varios días al aire. Estos en concreto estuvieron en un plato por la cocina de mi pueblo durante tres o cuatro días, sin mayor protección.

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Rollitos de canela (Cinnamon rolls)

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Bueeeeeeeeeeeno, “cinnamon rolls” para los más puristas.

Ya sé que este no es lugar para ponerse a debatir ciertas cosas, pero creo que una cosa es que no se traduzcan cosas concretas como buttermilk (vaya usted a saber qué nos dan si pidiéramos “suero de leche” o la literal “leche de mantequilla”) o cupcake (en latinoamérica sí lo traducen, más listos ellos). Pero me he encontrado, por ejemplo, con “bowl” en vez de bol. Que sí, que bol viene del inglés, pero no somos más modernos por decir palabras raras. Tampoco es que yo misma no lo haga en otras ocasiones, porque ya he puesto recetas con palabras como “wafer”, “angel food” o “cake pop”. Además, también se utilizan un montón de términos en francés contra los que no hay ningún prejuicio. Pero en este caso creo que “cinnamon rolls” tiene una traducción sencillísima, facilísima y correctísima en rollitos de canela.

Así que ahí voy con los rollitos de canela que hice el otro día por la tarde y que casi no llegan al desayuno. Llegaron porque los defendí con uñas y dientes para poder hacerles las fotos que acompañan este texto. Son un poco complicados (es un decir) porque hay que estar pendiente de los tiempos de levado, pero tampoco es como para echarse atrás. Lo digo porque esto es lo que pensaba yo. Me venía diciendo un tiempo “Mónica, tenemos que hacer unos rollitos de canela, que tienen que estar muy ricos” y luego me respondía “Uf, mejor otro día, que eso tiene que ser dificilísimo” Y es que realmente es una receta un poco larga, pero luego te pones y lo haces en un momento. De verdad de la buena. Por cierto, al final me decanté por seguir la receta de Denikatessen, porque prometía sólo 12 rollitos y no las barbaridades que he visto en otras (¿para qué quiero yo 30 rollitos? ¡¿cuándo me los como?!)

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ROLLITOS DE CANELA (12 unidades)

120 mililitros de leche
30 mililitros de aceite vegetal
25 gramos de azúcar

2 cucharadas de harina
1/4 cucharadita de bicarbonato
1/4 cucharadita de sal

25 gramos de mantequilla derretida
40 gramos de azúcar
2 cucharadas de canela

Un chorrito de leche
4 ó 4 cucharaditas de azúcar

Calentar en un cazo pequeño la leche, el aceite y el azúcar. En cuanto empiece a salir un poco de humo, retirar del fuego para que no llegue a hervir. Verter el contenido en un bol y dejar enfriar entre 20 y 30 minutos para que se temple; debe llegar a una temperatura entre 35ºC y 40ªC. Yo utilicé un termómetro para controlarlo, pero una manera fácil de calibrar esa temperatura es tocar directamente el líquido. Debemos notarlo ligeramente caliente, sólo eso.

Cuando esté templado, desmenuzar la levadura y dejar reposar un poco (un minuto, más o menos). Puede ser el tiempo que usemos para medir el azúcar, un cup o taza (125 gramos). Echar la harina sobre la masa pasándola por un colador para tamizarla. Batir un poco para integrar la harina y amasar con las manos hasta conseguir una masa pegajosa. Intentar no perder demasiada masa pegada a las manos. Tapar el bol con papel film y dejar que repose una hora o hasta que doble su volumen.

Preparar dos cucharadas de harina, un cuarto de cucharadita de bicarbonato y un cuarto de cucharadita de sal. Integrarlo todo y añadirlo a la masa fermentada. Amasar con las manos y separar la masa de las paredes del bol. En una superficie lisa y limpia esparcir un poco de harina para que la masa no se pegue y verterla sobre esta superficie. Estirar la masa para que quede un rectángulo de 30 x 15 centímetros, aproximadamente. Recomiendo usar una regla (de las de plástico del cole, por ejemplo) para medir si no se tiene mucho ojo con las medidas, yo lo hice. Mi rectángulo quedó irregular, con los bordes redondeados y sin el mismo grosor. No pasa nada.

Aquí podéis ver el paso a paso del proceso de enrollado.

Poner 25 gramos de mantequilla en un vaso y derretirlos en el microondas. En un bol pequeño o un vaso, poner 40 gramos de azúcar y dos cucharadas de canela. Remover. Con ayuda de un pincel, untar la mantequilla en la totalidad de la masa estirada. A continuación, con ayuda de un colador, echar la mezcla de azúcar y canela. Hay que intentar llegar a todos los bordes. Si se mancha un poco la mesa ya se limpia luego.

Aquí podéis ver el paso a paso del proceso de enrollado.

Es el momento de enrollar los rollitos. Desde uno de los lados más anchos del rectángulo comenzar a enrollar. No es nada difícil, pero hay que hacerlo poco a poco. Hay que enrollar desde un lado ancho para conseguir un rollo, más o menos fino, de 30 centímetros de largo (lo que medía el lado ancho ya) en vez de un rollo gordo de 15 centímetros (lo que pasaría si enrollaramos desde un lado estrecho).

Aquí podéis ver el paso a paso del proceso de enrollado.

Si todavía tenemos la regla a mano, usarla para cortar rollitos de 2,5 centímetros, aproximadamente. Son un par de dedos de ancho. La masa estará tierna, así que más que “cortar” habrá que aplastar el filo del cuchillo contra el rollo. Con cuidado, transportar los rollitos a un molde engrasado. Si el molde es redondo y de 26 centímetros de diámetro nos quedará a la medida ideal para conseguir que los rollitos tengan una separación entre ellos de unos 2 centímetros. No hace falta usar molde, si se pone papel de horno en la bandeja el resultado será equivalente, pero el molde ayuda en la tarea. Los rollitos hay que ponerlos de manera que se vea el “dibujo” de la canela hacia arriba.

Aquí podéis ver el paso a paso del proceso de enrollado.

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Tapar el molde con papel film y dejar reposar 30 minutos. No doblará el volumen, pero el reposo es necesario para que la masa asiente. Precalentar el horno a 190ºC.  Cuando haya pasado el periodo de reposo, destapar el molde y meterlo en la rejilla del horno a media altura durante 15 minutos o hasta que se doren. Es dentro del horno cuando los rollitos de canela se hincharán y conseguirán el aspecto esponjoso.

Sacarlos del horno y dejarlos enfriar sobre una rejilla. Mientras los rollitos se templan, preparar la glasa. Para esto hay que mezclar mucho azúcar con un poco de leche caliente.Tengo que reconocer que no había pensado hacer la glasa, así que lo que hice al final es calentar un chorrito de leche en el microondas y añadir azúcar, aproximadamente cinco cucharaditas. Remover mucho hasta que el azúcar se haya disuelto casi por completo. Calentar más en el microondas si hace falta, para que el azúcar se disuelva más fácilmente. Cuando la glasa no esté tan caliente, verterla sobre los rollitos de canela. Aquí podéis ver una foto de los rollitos recién terminados.

Como véis, me salieron 11 rollitos, posiblemente debido a la irregularidad de la masa estirada que comenté más arriba. Cuando estén a temperatura ambiente, separarlos con cuidado y almacenar en una caja de lata. Estos rollitos se consumieron en tres días y aunque el último día estaban no estaban tan tiernos como el primero, seguían estando realmente buenos.

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Para acabar, dos cosas. Primero, si se retira el azúcar de la masa de esta receta, se pueden hacer rollitos salados; tengo que investigarlo. Segundo, tengo un propósito nuevo: llevarme la cámara de fotos a la cocina, igual que hice aquí. Es mucho más fácil explicar con una foto que ilustre, además de dejar las cosas mucho más claras. A ver si cojo la costumbre : )

Cake pops (que a lo mejor no son cake pops) de chocolate y queso crema

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¿Los cake pops siguen siendo cake pops si no tienen palito?

Es una duda razonable porque yo he hecho un bizcocho, lo he desmigado, lo he mezclado con algo cremoso, he hecho bolitas, las he dejado en la nevera durante tres horas y las he rebozado con cosas.

Pero no les he puesto palitos. Esa es la gracia de los cake pops. Los palitos son el ¡pop! de los cake pops… Y yo no se lo he puesto, así que no sé si son “cake pops”. Porque, a ver, no tienen palito. Un caramelo es un caramelo hasta que le pones un palito y se convierte en una piruleta. ¡¡Si a la piruleta le quitas el palito no es una piruleta!! Pues esa es mi duda.

De todas formas estas trufitas (que tampoco son trufitas) estaban muy ricas. Salieron de un primer bizcocho de chocolate que hice para la tarta alargada que se ve aquí, que se quedó teriblemente pegado al molde. Aquello no había manera de arreglarlo, así que lo destrocé más. Luego tomé un poco de queso de untar, lo mezclé con azúcar avainillado y después lo integré todo con el bizcocho desmigado. Y a hacer bolitas.

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(CASI) CAKE POPS DE CHOCOLATE Y QUESO DE UNTAR (35 unidades aprox.)

Un bizcocho de chocolate
100 gramos de queso de untar
2 cucharadas de azúcar avainillado
cacao en polvo
piñones picados

Desmigar el bizcocho con ayuda de un tenedor en un bol grande. En un bol pequeño aparte poner el queso de untar y batir un poco con ayuda del reverso de una cuchara. Añadir dos cucharadas de azúcar avainillado y batir hasta que esté incorporada. Echar la mezcla del queso al bizcocho e integrar no totalmente, sino que siga esponjoso. Con ayuda de las manos formar pequeñas bolitas densas de unos dos centímetros de diámetro que dejaremos sonbre una bandeja con papel de horno, papel albal, papel film… Cuando estén formadas todas las bolitas que salgan con la masa, meter la bandeja en la nevera durante al menos tres horas.

Sacar la bandeja de la nevera y rebozar con el ingrediente al gusto. Normalmente los cake pops se recubren de chocolate fundido, pero para eso hace falta el palito que yo no les puse. Recubrí la mitad de los cake pops con cacao en polvo y a la otra mitad con piñones picados. Las bolitas estuvieron una hora más en la nevera hasta que se degustaron.

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Lemon curd

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La semana pasada estuve sin internet, el finde estuve fuera y luego me he liado con Pottermore, como buena fan de la saga Harry Potter. Después de esta pausa, tengo muchas cosas que contar, pero voy a empezar por el final.

Ayer por la tarde hice lemon curd, o crema de limón. Tuve que comprar limones para hacer aquellos pequeños angel food y tenía unos cuantos que desde entonces me miraban con pena. Me apetecía probar este dulce, pero pensaba que sería más complicado de lo que realmente es. Comprobé que tenía los ingredientes en casa y me puse al tema.

El lemon curd es crema de limón. Está dentro de la categoría, por decirlo de algún modo, de las cremas pasteleras. Las cremas de fruta se pueden hacer de muchas maneras, pero la de limón es muy típica en la cocina anglosajona y el término lemon curd es un clásico. Tiene un sabor intenso a limón, con la acidez que ello conlleva, pero a la vez está muy dulce. A mí me gusta mucho ese contraste y el lemon curd es uno de sus mejores ejemplos. Después de haber probado este dulce creo que en otra ocasión ya lo había hecho para una tarta, aunque no supiera en aquel momento que era precisamente esto. He usado la receta de Denikatessen, aunque la he modificado.

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LEMON CURD (aprox. 1 cup)

3 huevos L
1/2 cup de zumo de limón (yo lo conseguí con 3 limones)
1/2 cup de azúcar
50 gr. de mantequilla

Poner un cazo con agua al fuego para que hierva. En otro cazo o bol más pequeño cascar los huevos y batirlos. Verter el zumo de limón colado y mezclar. Incorporar el azúcar sin dejar de batir. Poner la mezcla al baño maría sobre el cazo grande. Echar la mantequilla en pedazos y seguir dando vueltas hasta que se derrita. Seguir dando vueltas hasta que espese; hay que evitar que el agua llegue a romper a hervir a borbotones (aunque no pasaría nada si sucediera, simplemente habría que bajar el fuego para que no se caliente demasiado). Aproximadamente en 10 ó 15 minutos el curd dejará de espesar y habrá que retirarlo del baño maría.
Para almacenar el curd es preferible transferirlo enseguida al recipiente en cuestión y dejarlo enfriar con la tapa puesta, porque al contacto con el aire puede formar una ligera costra en la superficie. Lo ideal será un recipiente de cristal, sobre todo si se va a hacer una conserva, pero el plástico también funciona bien. Cuando el curd esté frío habría que conservarlo en la nevera.

Hay que tener en cuenta que cuando se enfríe quedará aún más denso, así que muy posiblemente a los 10 minutos de baño maría estará listo; yo pensé que no me estaba quedando bien y eché un poco de maizena, aunque para lo único que sirvió es para que quedaran pequeñas motitas blancas cuando se enfrió. Moraleja: no intentar espesar con maizena, por favor.
Las medidas de azúcar y de limón son bastante variables, según se desee más sabor dulce o ácido. También se puede añadir ralladura de limón, para lo que se aconseja colarlo nada más quitarlo del fuego para que quede una textura más suave. Personalmente me gusta el equilibrio de sabores y percibir el contraste ácido/dulce, así que esta receta me ha encantado.

Hay que conservarlo en la nevera y al llevar huevo consumirlo en poco más de una semana.

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