Panecillos de Pascua

buns1¡HOLAAAA!

¡He vuelto! O al menos eso parece por ahora.

Hace un par de días hice unos hot cross buns o panecillos de Pascua porque tengo por ahí un poco de levadura que no quiero que se me estropee. Ya los había hecho una vez antes, pero no quedaba tan bien como ahora, en plena Semana Santa. Yo todavía no he podido catar las torrijas de mi yaya este año (¡¡quiero torrijas!!), así que mientras tanto me entretengo haciendo estos bollitos.

La receta está sacada de la colección Delicias al horno, aunque adaptada a lo que tenía por casa (¡cómo puedo no tener mantequilla!) y a una cantidad de seis bollitos.

buns2PANECILLOS DE PASCUA (HOT CROSS BUNS) 6 unidades

75 mililitros de agua
75 mililitros de leche
1 cucharadita de azúcar
10 gramos de levadura prensada

225 gramos de harina de fuerza
25 gramos de azúcar
1 cucharadita de sal
1 cucharadita de canela
50 gramos de pasas
1 huevo
15 gramos de manteca

Para la cruz
2 cucharadas de harina normal
1 cucharadita de azúcar
1-2 cucharadas de agua (o menos, tiene que quedar una pasta densa)

Poner en un bol el agua, la leche templadas. Añadir el azúcar y remover hasta que se disuelva. Desmenuzar la levadura sobre el líquido y remover. Cubrir el bol y dejar que repose durante 20 minutos, hasta que se forme una capa de espuma.

Mientras tanto, tamizar en un bol la harina, la sal y la canela. Añadir el azúcar y las pasas. Formar un hueco en el centro e incorporar el huevo batido de antemano, la manteca derretida y la mezcla de la levadura. Amasar (con unas varillas amasadoras eléctricas es más fácil, pues es una masa algo viscosa) durante al menos diez minutos para que quede completamente integrado. Tapar y dejar reposar durante una hora.

Volver a amasar un poco y formar los bollitos. Con esta cantidad de masa da para seis bollitos bastante hermosos. Colocarnos en una bandeja de horno, separados entre sí. Tapar con un trapo de cocina limpio y ligeramente humedecido. Reposar otros 45 minutos.

Antes de que acabe el tiempo de levado, precalentar el horno a 220ºC, calor arriba y abajo. Preparar la masa de la cruz. Mezclar la harina, el azúcar y muy poquito de agua de cada vez, hasta formar una masa densa y dura. Poner esta masa en una manga y realizar la cruz sobre los bollitos.

Cuando haya pasado el tiempo de levado, meter la bandeja de los bollitos en el horno a media altura y hornear durante 15 minutos, más o menos, hasta que se doren.

Para finalizar se pueden glasear con un poco de glaseado hecho con agua caliente y azúcar a partes iguales, aunque yo no lo hice.

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Recién hechos están deliciosos, muy tiernos y gustosos, perfectos para comer solos. Al día siguiente están más tiesos, sin llegar a ponerse duros y están mucho más ricos si se tuestan. No he probado a congelarlos, pero parece que aguantarían bien el proceso.

Pan de soda (integral)

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Estoy desfasada. Muy desfasada…

Esta es la semana de Navidad… ¡y no he puesto ningún dulce navideño! Ni nada típico de la Navidad, ni cosas con almendras, ni galletas de jengibre (¿a qué sabe el jengibre?), ni colores navideños… por no poner, ¡¡no he puesto ni un triste espumillón por ahí tirado en las fotos para hacerlas “más navideñas”!!

En fin, creo que puedo proponerme como propósito de Año Nuevo llevar el blog más al día con las fiestas… San Valentín en febrero (¡tengo un molde con forma de corazón y pienso usarlo!), cosas de Semana Santa en Semana Santa (¿alguien sabe ya cuándo cae en 2012?) y así todo. Pero por ahora tengo que conformarme con poner este pan, por si a alguien le pudiera dar el punto de hacer pan casero para estas fechas.

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Tengo que decir que hacer pan de soda es realmente satisfactorio. Si nadie ha hecho pan nunca, ÉSTE es el pan por el que debería empezar. No lleva levadura y por consiguiente no necesita tiempo de levado. Tampoco le hace falta un amasado en condiciones (tan sólo hay que mezclar los ingredientes) ni harina de fuerza. Más fácil no puede ser. Con estas premisas se consigue un pan compacto que prácticamente sirve como plato para poner encima otros ingredientes. Precisamente, ésa es una de las funciones del pan de soda, servir de apoyo para otros alimentos, pues es el pan que típicamente se llevaban los pastores irlandeses (de donde proviene este pan) cuando iban con sus ovejas.

Se supone que este pan se conserva poco tiempo, aunque el que hice yo duró hasta dos días perfectamente. No sé si llegaría hasta un tercer día, porque se acabó antes. Como no lleva toda la harina integral, tiene un sabor muy bueno y como es más denso y menos esponjoso que un pan normal, hay que comer menos cantidad para llenarse. Es decir si te comes la misma cantidad (en volumen) de pan normal blanco y de pan de soda, evidentemente el de soda es pesadísimo. Pero precisamente por eso, con menos cantidad pan de soda te quedas igualmente satisfecho. A mí, que me encanta el pan, me dejó encantada.

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PAN DE SODA

175 gramos de harina integral
175 gramos de harina bizcochona
1 cucharada de bicarbonato
1/2 cucharadita de sal
300 mililitros de yogur natural (esto son tres yogures de 125 gramos) / 280 mililitros de buttermilk* (esto es un vaso normal lleno hasta el borde, aproximadamente)

*Para realizar el buttermilk: llenar un vaso con leche (250 mililitros, más o menos) y añadir una cucharadita de limón, de vinagre o de bicarbonato (sólo una de estas tres cosas) y dejar reposar durante 10 minutos.

Precalentar el horno a 220ºC

Tamizar las dos harinas junto con el bicarbonato y la sal en un bol grande. Hacer un hueco en el centro y verter en él el yogur (o el buttermilk). Amasar hasta conseguir que se hayan integrado todos los ingredientes.

Espolvorear una bandeja de horno con un poco de harina y poner encima la masa de pan. Meter en el horno a media altura y hornear durante unos 35 minutos.

Para saber si está hecho, sacarlo del horno, ponerlo sobre una rejilla y golpear con cuidado la parte de abajo. Si suena a hueco estará listo, pero si suena como la membrana de un tambor todavía necesitará unos minutos más de horno.

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Rollitos de canela (Cinnamon rolls)

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Bueeeeeeeeeeeno, “cinnamon rolls” para los más puristas.

Ya sé que este no es lugar para ponerse a debatir ciertas cosas, pero creo que una cosa es que no se traduzcan cosas concretas como buttermilk (vaya usted a saber qué nos dan si pidiéramos “suero de leche” o la literal “leche de mantequilla”) o cupcake (en latinoamérica sí lo traducen, más listos ellos). Pero me he encontrado, por ejemplo, con “bowl” en vez de bol. Que sí, que bol viene del inglés, pero no somos más modernos por decir palabras raras. Tampoco es que yo misma no lo haga en otras ocasiones, porque ya he puesto recetas con palabras como “wafer”, “angel food” o “cake pop”. Además, también se utilizan un montón de términos en francés contra los que no hay ningún prejuicio. Pero en este caso creo que “cinnamon rolls” tiene una traducción sencillísima, facilísima y correctísima en rollitos de canela.

Así que ahí voy con los rollitos de canela que hice el otro día por la tarde y que casi no llegan al desayuno. Llegaron porque los defendí con uñas y dientes para poder hacerles las fotos que acompañan este texto. Son un poco complicados (es un decir) porque hay que estar pendiente de los tiempos de levado, pero tampoco es como para echarse atrás. Lo digo porque esto es lo que pensaba yo. Me venía diciendo un tiempo “Mónica, tenemos que hacer unos rollitos de canela, que tienen que estar muy ricos” y luego me respondía “Uf, mejor otro día, que eso tiene que ser dificilísimo” Y es que realmente es una receta un poco larga, pero luego te pones y lo haces en un momento. De verdad de la buena. Por cierto, al final me decanté por seguir la receta de Denikatessen, porque prometía sólo 12 rollitos y no las barbaridades que he visto en otras (¿para qué quiero yo 30 rollitos? ¡¿cuándo me los como?!)

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ROLLITOS DE CANELA (12 unidades)

120 mililitros de leche
30 mililitros de aceite vegetal
25 gramos de azúcar

2 cucharadas de harina
1/4 cucharadita de bicarbonato
1/4 cucharadita de sal

25 gramos de mantequilla derretida
40 gramos de azúcar
2 cucharadas de canela

Un chorrito de leche
4 ó 4 cucharaditas de azúcar

Calentar en un cazo pequeño la leche, el aceite y el azúcar. En cuanto empiece a salir un poco de humo, retirar del fuego para que no llegue a hervir. Verter el contenido en un bol y dejar enfriar entre 20 y 30 minutos para que se temple; debe llegar a una temperatura entre 35ºC y 40ªC. Yo utilicé un termómetro para controlarlo, pero una manera fácil de calibrar esa temperatura es tocar directamente el líquido. Debemos notarlo ligeramente caliente, sólo eso.

Cuando esté templado, desmenuzar la levadura y dejar reposar un poco (un minuto, más o menos). Puede ser el tiempo que usemos para medir el azúcar, un cup o taza (125 gramos). Echar la harina sobre la masa pasándola por un colador para tamizarla. Batir un poco para integrar la harina y amasar con las manos hasta conseguir una masa pegajosa. Intentar no perder demasiada masa pegada a las manos. Tapar el bol con papel film y dejar que repose una hora o hasta que doble su volumen.

Preparar dos cucharadas de harina, un cuarto de cucharadita de bicarbonato y un cuarto de cucharadita de sal. Integrarlo todo y añadirlo a la masa fermentada. Amasar con las manos y separar la masa de las paredes del bol. En una superficie lisa y limpia esparcir un poco de harina para que la masa no se pegue y verterla sobre esta superficie. Estirar la masa para que quede un rectángulo de 30 x 15 centímetros, aproximadamente. Recomiendo usar una regla (de las de plástico del cole, por ejemplo) para medir si no se tiene mucho ojo con las medidas, yo lo hice. Mi rectángulo quedó irregular, con los bordes redondeados y sin el mismo grosor. No pasa nada.

Aquí podéis ver el paso a paso del proceso de enrollado.

Poner 25 gramos de mantequilla en un vaso y derretirlos en el microondas. En un bol pequeño o un vaso, poner 40 gramos de azúcar y dos cucharadas de canela. Remover. Con ayuda de un pincel, untar la mantequilla en la totalidad de la masa estirada. A continuación, con ayuda de un colador, echar la mezcla de azúcar y canela. Hay que intentar llegar a todos los bordes. Si se mancha un poco la mesa ya se limpia luego.

Aquí podéis ver el paso a paso del proceso de enrollado.

Es el momento de enrollar los rollitos. Desde uno de los lados más anchos del rectángulo comenzar a enrollar. No es nada difícil, pero hay que hacerlo poco a poco. Hay que enrollar desde un lado ancho para conseguir un rollo, más o menos fino, de 30 centímetros de largo (lo que medía el lado ancho ya) en vez de un rollo gordo de 15 centímetros (lo que pasaría si enrollaramos desde un lado estrecho).

Aquí podéis ver el paso a paso del proceso de enrollado.

Si todavía tenemos la regla a mano, usarla para cortar rollitos de 2,5 centímetros, aproximadamente. Son un par de dedos de ancho. La masa estará tierna, así que más que “cortar” habrá que aplastar el filo del cuchillo contra el rollo. Con cuidado, transportar los rollitos a un molde engrasado. Si el molde es redondo y de 26 centímetros de diámetro nos quedará a la medida ideal para conseguir que los rollitos tengan una separación entre ellos de unos 2 centímetros. No hace falta usar molde, si se pone papel de horno en la bandeja el resultado será equivalente, pero el molde ayuda en la tarea. Los rollitos hay que ponerlos de manera que se vea el “dibujo” de la canela hacia arriba.

Aquí podéis ver el paso a paso del proceso de enrollado.

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Tapar el molde con papel film y dejar reposar 30 minutos. No doblará el volumen, pero el reposo es necesario para que la masa asiente. Precalentar el horno a 190ºC.  Cuando haya pasado el periodo de reposo, destapar el molde y meterlo en la rejilla del horno a media altura durante 15 minutos o hasta que se doren. Es dentro del horno cuando los rollitos de canela se hincharán y conseguirán el aspecto esponjoso.

Sacarlos del horno y dejarlos enfriar sobre una rejilla. Mientras los rollitos se templan, preparar la glasa. Para esto hay que mezclar mucho azúcar con un poco de leche caliente.Tengo que reconocer que no había pensado hacer la glasa, así que lo que hice al final es calentar un chorrito de leche en el microondas y añadir azúcar, aproximadamente cinco cucharaditas. Remover mucho hasta que el azúcar se haya disuelto casi por completo. Calentar más en el microondas si hace falta, para que el azúcar se disuelva más fácilmente. Cuando la glasa no esté tan caliente, verterla sobre los rollitos de canela. Aquí podéis ver una foto de los rollitos recién terminados.

Como véis, me salieron 11 rollitos, posiblemente debido a la irregularidad de la masa estirada que comenté más arriba. Cuando estén a temperatura ambiente, separarlos con cuidado y almacenar en una caja de lata. Estos rollitos se consumieron en tres días y aunque el último día estaban no estaban tan tiernos como el primero, seguían estando realmente buenos.

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Para acabar, dos cosas. Primero, si se retira el azúcar de la masa de esta receta, se pueden hacer rollitos salados; tengo que investigarlo. Segundo, tengo un propósito nuevo: llevarme la cámara de fotos a la cocina, igual que hice aquí. Es mucho más fácil explicar con una foto que ilustre, además de dejar las cosas mucho más claras. A ver si cojo la costumbre : )

English Muffins

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Aaaahh… los english muffins… esos bollitos de pan… tan ricos y esponjosos…

Reconozco que soy un poco fanática del pan. Es uno de los alimentos que más me gustan y me parecen muy completos, aunque no tiene porqué. Estoy empezando a descubrir el mundo de las harinas de fuerza, las levaduras y todo lo que se puede hacer con ellas, que es mucho.

Los english muffins no son como esos muffins que en realidad son magdalenas gordas y que están muy ricos. Son pequeños bollos de pan que están (MUY) deliciosos. Al menos estos que hago yo. La primera vez que los hice era un día por la mañana de este verano. Como siempre, no tenía la mitad de los ingredientes que me ponían en cada receta que iba encontrando. Decidí hacer algo parecido a esta receta de allrecipes, pero sin agua ni manteca. Además, con la mitad de las cantidades, no fuera que me salieran los dieciocho muffins que promete y luego tuviera que comer una guarrería. Por otro lado, seguí los tiempos de levado que indicó Alma en su receta de english muffins. Podía haberme salido una castaña y sin embargo… ¡¡salieron genial!! Qué sorpresa me dieron, de verdad.

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Por esto, no he dejado de hacer english muffins desde entonces. Habré hecho esta receta como cinco o seis veces en tres meses. Vamos, queda claro que la recomiendo, encarecidamente además.

ENGLISH MUFFINS (8/10 unidades)

2 cups de harina de trigo (normal)
1 cup de leche templada
10 gr. de levadura fresca
1 1/2 cucharadita de azúcar
1 1/2 cucharadita de sal
maizena (opcional)

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Tamizar la mitad de la harina en un bol. Partir la levadura (un tercio de un cubo de 25 gramos) con las manos sobre la leche templada y disolver bien. Añadir la leche a la harina tamizada. Batir con un batidor hasta que se incorpore todo, se formará una masa fácil y suave como la de cualquier bizcocho. Añadir el azúcar, la sal y tamizar el resto de la harina en el bol.

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Para incorporar estos ingredientes secos a la masa anterior se puede batir un poco más con el batidor y luego amasar con la mano o directamente meter la mano en la masa. Yo prefiero la segunda opción, ya que así no se quedan restos de masa en el batidor. Para evitar mancharse demasiado recomiendo “aplastar” la masa al principio en vez de meter los dedos prependicularmente en la masa, al menos a mí me funciona. Es un proceso un poco engorroso, sobre todo la primera vez.

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Cuando la masa está más o menos integrada, recomiendo seguir la técnica de Richard Bertinet y hacer lo que indica en este video. Si no tenéis tiempo de verlo, lo resumo en un momento: echar la masa del bol a una superficie limpia, sin más harina, y darle golpes contra ella. Vale, la técnica no es “darle golpes”, sino airearla dando cuerpo a la masa (para esto mejor ver el video). Al principio de hacer english muffins yo iba incorporando más harina a la masa, pero nunca dejaba de ser pringosa. En cambio, con la técnica de Bertinet en cuatro voleos se pone prieta y manejable.

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Tras conseguir esta masa, se debe dejar en un bol limpio, tapado en un lugar cálido. Yo meto el bol en el microondas (¡apagado!) que así no molesta y tapado con papel film. Debe reposar durante una hora y luego volver a amasar. Si la primera vez hemos amasado con la técnica de Bertinet no será ningún problema repetirla. En cambio, si hemos amasado con harina, esta segunda vez deberá amasarse con maizena, pues la harina de trigo no hará más que darnos problemas. De nuevo, habrá que dejar reposar la masa media hora más en las mismas condiciones que antes. Este segundo amasado se hace para que la levadura se distribuya correctamente por toda la masa.

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Tras este tiempo de levado se forman los english muffins. Si se ha usado la técnica de Bertinet saldrán unos diez bollitos; si se ha usado más harina y la maizena posiblemente hayamos perdido masa por el camino (en el batidor, en las manos, en el bol) y saldrán ocho bollitos. Siempre dependerá de lo grandes que los hagamos. Recomiendo no hacerlos muy grandes, ya que cuando estén formados habrá que dejarlos reposar otra media hora en la que crecerán.

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Para evitar que suban mucho hacia arriba, se puede poner una bandeja sobre los muffins. Mi bandeja no pesaba demasiado y subieron más que de costumbre la vez que fotografié todo el proceso, que además era la primera vez que los hacía a golpes, así que quedaron de por sí más esponjosos que de costumbre.

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Después de todo esto, ya se pueden hacer los english muffins. Lo más sorprendente de todo es que es un pan que no se hornea, sino que se hace a la plancha. Por esto, lo ideal para cocinar los muffins es una plancha eléctrica de cocina pero si no se tiene una se pueden hacer sobre una sartén a fuego medio. En ningún caso hace falta poner ninguna grasa en la plancha o en la sartén, se debe poner el bollito directamente, esperar entre cinco y diez minutos hasta que la superficie del muffin se unifique y darle la vuelta. La próxima vez que los haga los haré menos redondos, cosa que recomiendo, porque la esponjosidad que se consigue con esta técnica hace que tarden más en cocinarse.

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Parece muy trabajoso, pero la única dificultad es pelearse con la masa al principio. La espera merece la pena y luego se puede comer el pan como acompañamiento, relleno como pequeño bocadillo, tostado con mermelada o mantequilla, con aceite… tiene muchas variables.

Estos english muffins deben comerse recién hechos. Al día siguiente de hacerlos ya están un poco duros y en tres días son una piedra. Sin embargo, mi técnica de conservación es congelarlos en cuanto se enfrían (de hecho, los que aparecen en las fotos están congelados). Se descongelan a temperatura ambiente en unos veinte minutos y están listos para comer. A mí me gusta ponerlos unos segundos en el modo descongelación del microondas cuando ya están listos para que se calienten los justo y están igual de tiernos y deliciosos que recién hechos.